Al Borde de la Existencia


La verdad del mundo en que vivimos

Imprescindible vídeo para entender cómo funcionan los mecanismos de la sociedad de consumo. Insaciable, esclavizadora, insostenible… Poned los adjetivos que queráis cuando hayais visto los poco más de 20 minutos demoledores que resumen lo triste de nuestro modo de vida.


Maya es mágica

Algo muy raro tiene que pasarte por la cabeza cuando de pronto, una aburrida tarde, muy tarde, de lunes, apoltronada en el sillón viendo la televisión, de pronto te das de bruces con un reportaje que capta tu atención. Una perra abandonada, la de la foto, busca dueño. Sin ninguna duda me dije: la quiero para mí.

Y digo raro porque tremendo animal, repleto de pústulas, es difícil que capte el interés de nadie. Tal vez mi alma de zombie frustrada, algún oscuro gusto ‘gore’ reprimido, (yo, que casi no puedo dormir sola), vio durante unos instantes la luz. El caso es que esa mezcla de bicho extraterrestre y de hiena en sus peores tiempos, atrapó mi corazón.
Pero en realidad era mucho más que eso. Sabía que nadie, nadie en ese estado, iba a adoptarla. Ella no era consciente todavía del peligro que le acechaba. Un absoluto abandono, por segunda vez. Entre otras cosas porque Maya guarda un secreto que más tarde os contaré.

Ese aspecto tan horrendo era fruto, nada menos que de la sarna. Maya estaba repleta de ácaros, de dos tipos, y sufría una infección ocular que podía haberla dejado ciega. De hecho, cuando la encontraron abandonada en una carretera de Chinchón, pensaban que jamás volvería a ver. También pensaban que era un ‘Shar Pei’, por las arrugas que tenía en la piel fruto de la enfermedad, ¡y nada más lejos de la realidad! Es una mezcla de ‘Pitbull’, un ‘American Stanford’ tal vez. Un perro de los ‘chungos’, si es que estos existen al margen de las pretensiones de sus dueños.

Tuvimos que esperar un mes para llevárnosla del centro de acogida de animales (si no fuera por ellos, Maya no lo habría contado), tal era su debilidad, y cuando por fin llegó el gran día, nos enfrentamos con el primer problema. ¿Qué tal se llevarían Luna, el ‘Bobtail’ de la casa, tres veces más grande que ella, y Maya? Era todo un reto. Pero la cosa fue rodada.

Tímida, temerosa y prudente en exceso, después de superar su primer desafío, el coche (no quería entrar, ¿tal vez era la primera vez que montaba?) llegó a casa y enseguida reconoció su lugar: una esponjosa alfombra azul que habíamos comprado para ella en ‘Ikea’, el templo de los mileuristas. Después de esa, ha tenido tres diferentes en seis meses, ¡y se las come todas!

Tan bien se aprendió la lección que no había forma de moverla de allí. No hacía como otros perros, perseguirte por la casa, pedirte mimos, ni cosas por el estilo. Simplemente no sabía. ¿Dónde habría pasado sus primeros seis o siete meses de vida? Como os podéis imaginar, hemos realizado todo tipo de especulaciones en torno a su pasado, a la cual más horrenda, sin ninguna utilidad. Porque para Maya, la vida, ha vuelto a comenzar.

Entre pises, mordiscos, peleas con la hermana mayor y carreras de una punta a otra de la cosa, tuvimos que aprender también algunas habilidades veterinarias. Pastillita por el día y por la noche, baños semanales, (tiene más champús que yo!) y lo peor: inyecciones de una sustancia ‘insecticida’ (sí, sí, insecticida, controlado, pero con la misma función), para matar a los ácaros que no dejaban de rebrotar. Su cuerpo ha soportado de todo. Y mientras sus dueños miraban con preocupación y desasosiego esos dichosos bichitos que el amable veterinario nos enseñaba en el microscopio, ella, ajena a todo, no mostraba ningún temor. Es más, Maya, desde el principio, desde que la adoptamos, parece como si se bebiera la vida a cucharadas.

Ahora no para de jugar, y sobre todo, de molestar a su hermana Bobtail que parece tener insensibilizados los epitelios. Los tirones de pelo que le pega Maya son insuperables y no deja de hacernos reír cuando vemos su boca, más negra que el tizón, repleta de pelo blanco y gris de Luna. En el fondo, sabemos que le gusta, y es que no se pueden llevar mejor.

El secreto de Maya es que jamás dudó que se salvaría. Nunca tuvo miedo a la muerte, porque ella es especial. Nació ‘mágica’, con una facultad sobrenatural que la hace fuerte ante la tragedia. Ella siempre lo supo. Yo, ahora, también lo sé.


Chefs en guerra: Cuando el humo no deja ver los fogones

El libro ‘La cocina al desnudo’ del cocinero Santi Santamaría es un best seller mediátco antes de salir a la venta. Los medios han acogido frotándose las manos la polémica levantada entre lo más granado del gremio de los fogones. Mucha entrevista, mucho artículo, mucha tertulia. Haciendo caja con la bronca, aplicando el estilo Gran Hermano a otros géneros televisivos.

Eso sí, del fondo de la cuestión, poquito. Las críticas que Santamaría hace al uso de químicos en la gastronomía por parte de Ferrán Adriá y sus seguidores son lo que monopoliza el tiempo dedicado a este tema. ¿Pero es lo más importante de las denuncias que hace el chef en su libro? A mi parecer, no.

Y es que, si bien es discutible la idoneidad de introducir la química como un ingrediente más en la confección de los alimentos (¿somos lo que comemos?), no es menos cierto que los platos de Adriá son más conocidos por los ojos que los han visto en la tele que por los paladares que los han probado. Y menos aún son los que han repetido. La posibilidad de que la comida de Adriá and company afecte a la salud de quienes la han comido una vez es ridícula. Habría que desayunar, comer, merendar, cenar y lamer las cucharas de todos los comensales para que las cantidades de químicos fueran suficientes para perjudicarnos.
Fumigación de un campo de arroz

A lo que quiero llegar es, en primer lugar, a que rasgarse las vestiduras como hacen en los medios de infotenimiento por la guerra de chefs es estúpido en comparacion con el verdadero problema, que es el uso de químicos en los alimentos que todos compramos en el súper. Esos sí los consumimos a diario y es lo que Santi Santamaría destaca en su libro. Empezando por el polémico Aspartamo, edulcorante multiusado (por ejemplo en las colas light) y del que el chef Montignac ha dicho que le consta que será prohibido antes de 10 años porque los estudios que lo relacionan con el Alzheimer, entre otras enfermedades, son contundentes. Pero son miles, todos lo sabemos, los productos químicos utilizados en alimentos precocinados, congelados, elaborados… Todos con fines al margen de la nutrición: dar sabor, dar color, dar olor, conservar, crear adicción…

En segundo lugar, la química es, como denuncia Santamaría, usada indiscriminadamente para el cultivo de frutas y verduras, de nuevo al margen de la nutrición, con la única intención de mejorar la productividad. Los cultivos transgénicos sirven exclusivamente para hacer a las plantas más resistentes a los pesticidas y plagas, no hay un sólo trangénico hecho para mejorar el sabor. ¿Y cuándo nos van a hacer a nosotros transgénicos para protegernos de los pesticidas y fertilizantes?

El tema es extenso y sus ramificaciones, complejas. Pero la denuncia de Santamaría es necesaria. En otros países, como Francia, el debate fue abierto hace tiempo y continúa. En España, como se ha tocado a uno de los orgullos nacionales modernos, hay que callar la boca al que protesta.

Para saber más, el extraordinario seguimiento que del tema hacen en soitu.es:
- Fragmentos del libro
- ¿Qué es la metilcelulosa?
- Las denuncias de Santamaría


Oda a la vida tranquila

Primera hora de la mañana: el metro llega a la estación atestado de gente. Llevas más tiempo del debido esperando así que, esta vez, no te puedes quedar fuera. Un apretón aquí, un empujón allá, y ya estás dentro. Te esperan al menos 40 minutos, si la cosa no se retrasa, de calor, del aliento del compañero de viaje en tu nuca y de equilibrios por doquier para tratar de no caerte. Lo más probable es que llegues tarde a trabajar. El café del mediodía. El camarero no te atiende porque el bar está abarrotado. Si buscabas un agradable ‘break’ en tu jornada laboral, andas listo. Con tantas prisas, no te ven, y al final, tienes que marcharte sin café, de vuelta al curro. (Lo más probable es que a continuación tu jefe te pida más celeridad en tu trabajo, que exprimas al máximo tu cerebro y tu cuerpo para producir, producir y producir).

Durante la hora de la comida, que nunca es tal (siempre dura menos), vuelves a encontrarte rodeado de gente, esperando colas para que te den tu plato, sorteando bandejas que tu torpeza con probabilidad tirarán y tratando de mantener una agradable conversación con tus compañeros a pesar del ruido. Comes rápido (hay que marcharse cuanto antes de allí, te quedan muchas cosas por hacer), y de vuelta a ‘producir’.

Esto es sólo un pequeño esbozo de lo que cualquiera que viva en una gran ciudad, soporta cada día. Pero las colas, la gente, el ruido, las esperas y el estrés también te los encuentras en los cines, a la entrada de un museo, en los restaurantes, en un pub por la noche… e incluso en una ‘tranquila’ mañana de domingo de votaciones.

¿Qué es lo que ocurre? ¿Acaso uno no puede dar un paso sin sentirse rodeado, agobiado, apremiado o presionado? Bien sea por el tiempo, las prisas del de detrás en la cola, de la cajera o, por supuesto, de tu jefe, el estrés se palpa en el ambiente.

Cuando comienzas a pensar en estas cosas te sientes un bicho raro. Especialmente cuando añades que, en ocasiones, no sólo necesitas huir de toda esa gente anónima con la que pasas más tiempo que con tu pareja, si no de todo y de todos. A menudo observo cómo al escapar de la ciudad y perderme por el campo, por un pequeño parque o por una ruta de la sierra, encuentro sentido a todo. El silencio, la despreocupación y hacer caso a mi propio ritmo vital hace que me sienta mejor, con la mente más abierta y, en definitiva, más feliz. Es en esos momentos cuando se me ocurren las mejores ideas, cuando soy más fuerte.
Sin embargo, no soy la única que no está a gusto con el ritmo de vida que nuestra sociedad actual nos obliga a llevar. Todo está hecho y organizado para que vayamos más rápido: periódicos gratuitos que se leen en cinco minutos; platos precocinados, comida para microondas; locales que ofrecen siestas de media hora, para recuperar el sueño perdido; gimnasios con circuitos de 20 minutos diarios, para que no pongas excusas de ‘tiempo’ al ejercicio; compras por Internet… Y un sinfín de ejemplos que nos hacen, a muchos, más desgraciados.

En contra de todo esto ha surgido una nueva filosofía vital: el ‘slow-life’. Aboga por una desaceleración de nuestra forma de vida con el fin de disfrutar más de la misma. El movimiento ‘Slow’ comenzó en 1986 como una protesta en Roma ante la apertura de un restaurante McDonald’s en Piazza di Spagna. Nació, así, vinculado a la comida, pero pronto se ha trasladado a otras esferas del ser humano. Propone tomar, de forma conciente, el control de nuestro tiempo en lugar de vivir bajo la tiranía del mismo, encontrando un equilibrio entre nuestras obligaciones y la tranquilidad de gozar de estar en familia, de una caminata o de una comida saludable (no Fast Food). Esto no implica convertirse en un ser humano pasivo o perezoso. Porque de lo que se trata es de redistribuir nuestra energía vital y nuestro tiempo hacia aquéllas actividades que consideremos realmente importantes. Es un cambio de actitud hacia la vida que se consigue con acciones como:

-Respetar las horas de sueño

-Comer sin prisas y de forma saludable

-Dedicar tiempo a hobbies y actividades que te hagan crecer personalmente

-No hacer varias tareas a la vez, centrarse en una sola

-No llenar tu ‘agenda’ de actividades, ni siquiera en vacaciones…
Y muchas otras recomendaciones que cada uno puede realizar según sus necesidades y valores. En definitiva, lo importante es darse cuenta de que, a menudo, un ritmo de vida que no te permita pensar, reflexionar, estar con los tuyos o dedicar más tiempo a lo que te importa, puede hacerte muy infeliz y que en tu mano está cambiarlo. Como Fray Luis de León en su ‘Oda a la vida retirada’ (“Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruído…”), yo me apunto a la ‘vida lenta’.

Ver vídeo
Más información:
-Slow food, USA


Negro futuro alimentario

La escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo comienza a alcanzar cotas dramáticas. Sin querer pecar de alarmista, es inevitable mirar con preocupación lo que está sucediendo. Si en los países considerados desarrollados asistimos impotentes a la inflación alimentaria pero al menos podemos seguir adquiriendo los productos, la situación comienza a ser dramática en los países del Tercer Mundo. En Haití, por ejemplo, las revueltas callejeras en protesta por los precios tuvieron que ser sofocadas por la policía empleando la fuerza cuando comenzaban a rodear el palacio presidencial. El resultado: cinco muertos y decenas de heridos, todos ellos personas inocentes a quienes la desesperación empujó a las calles.

La ONU ya hizo hace semanas un llamamiento a la solidaridad de los países ricos para que aumentaran su aportación económica a su programa de alimentos para el Tercer Mundo o millones de personas se verían abandonadas al hambre.

Y ahora es el turno del oscuro y pérfido Banco Mundial de encender las alarmas. Ayer, su presidente Robert Zoellick avanzó que los precios de los alimentos seguirán altos al menos durante dos años. El organismo achaca el problema a “los cambios en la dieta o las recientes sequías en distintas partes del mundo”. Fascinantes argumentos por lo imaginativo si no fuera por la gravedad de la situación.

Es posible que los países en los que el arroz y el trigo se han vuelto inaccesibles hayan sufrido un cambio en la dieta: ahora ya no tienen dieta. Brusco pero efectivo.

Al menos, Zoellick recordó mencionar a los mal llamados biocombustibles como uno de los factores que han influido en los precios de los alimentos. Los cultivos que antes eran dedicados para alimentos ahora sólo sirven para dar de comer a automóviles y centrales térmicas. Es más rentable cultivar gasolina que alimentos. ¿Qué harías si fueras agricultor?

Y aquí llega el dato. El Banco Mundial reconoce que los precios de los alimentos básicos se han encarecido un 80 por ciento desde 2005. Y todos sabemos que los datos estadísticos oficiales suelen ser un tanto conservadores en lo que a malas cifras se refiere. ¡Un 80% de incremento en tres años!

Recopilemos entonces la situación actual: Crisis alimentaria + crisis financiera + crisis energética + crisis climática. ¿Me dejo alguna? Resulta difícil pensar que nuestros superpreparados líderes mundiales lo están haciendo tan mal todo a la vez. ¿Responde la situación a un plan para provocar un radical cambio del orden mundial, como algunos defienden? ¿O simplemente son los últimos coletazos de un sistema desarrollista que en su propia esencia es insostenible a largo plazo y ya han sonado las trompetas de su ocaso? Una tercera opción: En realidad no pasa nada más que la utilización de la globalización económica por parte de los poderosos para serlo aún más. O quizá todo a la vez.

Nos han metido el miedo en el cuerpo, eso seguro.


¿Dónde están los críticos con el carné por puntos?

La Semana Santa de 2007 terminó con 106 muertos en las carreteras. Estas cifras eran poco menores que las resultantes del mismo periodo de 2006 (110 muertos) y los sectores que siempre se habían mostrado críticos con el sistema del carné por puntos afilaban los cuchillos. Tenían estadísticas para argumentar sus ataques al gobierno en materia de seguridad vial.

Los de casi siempre aprovecharon los muertos para hacer política y muchos otros se unieron al ataque a degüello contra la norma. Era la primera Semana Santa que las carreteras vivían con el carné por puntos vigente y parecía que era el único factor a tener en cuenta para valorar el resultado. Incluso los supuestamente afines al gobierno vigente cedieron a la tentación de la crítica facilona.

De nada servian los datos globales que apuntaban un acusado descenso de las víctimas mortales en accidentes de tráfico desde la implantación del carné por puntos, que un titular es un titular y no es para desperdiciarlo por ser demagogo. En la campaña de verano continuaban las noticias contradictorias al respecto. Si el mundo publicaba en julio estadísticas de balance positivas, en agosto lanzaba el mensaje contrario. El caso era emponzoñar la realidad con datos a corto plazo, ya sea fruto de la aplicación a rajatabla de los principios de la escuela periodística del “infotenimiento” o de intereses más oscuros de manipulación de opinión pública.

Un año después, los datos reflejan un espectacular descenso del 40% de víctimas mortales (55 hasta a medianoche del domingo 23 de marzo). Y, maravilla, los titulares abandonan la senda valorativa para adoptar la más objetiva de las posibilidades. “55 personas han muerto en las carreteras en la Semana Santa, 44 menos que en 2007“, titula El Mundo. “La Semana Santa se salda con 55 muertos en las carreteras, 44 menos que el año pasado“, clona Libertad Digital. “44 muertos menos en las carreteras“, dice El País. Y podríamos seguir con el resto de medios.

¿Qué ha pasado con la búsqueda desesperada de responsables? ¿Acaso el carné por puntos ha sido derogado y no nos hemos enterado? ¿Sólo los datos negativos requieren valoración? ¿Ya hemos pasado las elecciones y no es necesario usar a los muertos como argumento electoral? ¿De ests datos no se puede diferir un jugoso debate público que estimule el consumo de información, con lo que ya no interesa?

Quedamos a la espera de que los gurús del anáisis de víctimas en la carretera desde los púlpitos informativos den un paso al frente y digan qué opinan de la efectividad o no del carné por puntos ahora que las cifras son irrefutablemente mejores.

Hasta el momento el único que ha hablado es el omnipresente Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados. En declaraciones a Telemadrid ha evitado explícitamente darle a las medidas de la DGT ninguna responsabilidad en las buenas cifras de esta Semana Santa. Su argumento es que ha hecho mejor tiempo que en las anterior Semana Santa, lo que es cierto y sin duda influye. Pero el argumento meteorológico no fue lo que utilizó para analizar los 106 muertos de 2006… ¿Volverá el señor Arnaldo a pedir la dimisión de Rubalcaba?


La mentira de los biocombustibles

La tramposa utilización del prefijo bio en su denominación hace creer que son ecológicos. Mentira. Los argumentos son múltiples.

- Ineficiencia: Para producir etanol (sustituvo de la gasolina) hay que hacer fermentar azúcares para destilar alcohol. La primera fermentación es comparable a la del vino, con un 10% de alcohol, y hay que convertirlo en alcohol 100%. Para eso hay que invertir casi tanta energía como la que hay en el etanol. Y si obtienes esa energía de combustibles fósiles, acabas emitiendo más CO2 de lo que emitirías simplemente usando gasolina en el coche.
- Deforestación: Según el estudio publicado en 2006 por el Worldwatch Institute, si EEUU reemplazara con bioetanol el 10% de la gasolina que necesita, tendría utilizar el 30% de su tierra agrícola. En el caso de Europa, requeriría el 70%. ¡Y eso sólo para el 10% de la gasolina! Otro ejemplo: Según el premio Nobel de Química Harmut Michel, cubrir la demanda de electricidad de Alemania con biocombustibles exigiría dedicar toda la superficie del país a cultivos energéticos. La situación se agrava dado que buscar más tierras para cultivar significa acabar con los bosques vírgenes del mundo (Brasil, Indonesia y Nueva Guinea, entre otros muchos, están en ello). El atentado ecológico que esto significa es aún peor si contabilizamos las enormes cantidades de CO2 que produce y producirá la tala de millones de árboles (cuando mueren liberan el CO2 que albergan).

- Encarecimiento de los alimentos y hambre: Los precios del biocombustible hacen que para los agricultores sea más lucrativo dedicar sus tierras a cultivos dedicados a este fin. La consecuente reducción de la producción de alimentos está ya produciendo su encarecimiento, que en los países menos ricos crea y agrava las hambrunas.

Deforestación en el Amazonas
- Agrava el efecto invernadero y cambio climático: Un estudio del premio Nobel (¿será una conjura de los científicos?) Paul Crutzen dice que las emisiones de óxido nitroso (un gas 296 veces más invernadero que el CO2) de los fertilizantes nitrosos anulan todas las reducciones que pudiesen producir los biocombustibles.

Y llegamos a mi punto favorito, que bajo mi punto de vista es la verdadera razón de que se nos impongan los biocombustibles como la panacea:

-Mantiene la riqueza en las mismas manos: Las multinacionales pueden mantener el control sobre los procesos de producción, procesamiento y distribución de la energía. Una fuente de energía verdaderamente renovable (solar y eólica, entre otras) podría permitir la producción autónoma de energía de individuos, comunidades, incluso países. Las multinaciones perderían la prevalencia económica sobre los individuos.

¿Cuáles son los supuestos biocombustibles?

Bioetanol: Alcohol fermentado a base de azúcares de remolacha, máiz, cebada… que se mezcla con gasolina en una proporción indicada por su denominación. E5 tiene un 5% de bioetanol, E10, un 10%… Éstas son las únicas utilizables en los coches convencionales. Las prporciones más altas (E85, E100…) necesitan motores especiales.
Biodiésel: Obtenido procesando aceites vegetales de semillas como girasol, colza, soja… Se comercializan el B20 (20% de bioetanol en la mezcla con diésel) y B100 (tiene pegas para motores anteriores a 1994).
Fuente: www.biocombustibles.es


Texaco arrasa el medio ambiente

Desde 1992, el que ha sido denominado como “peor desastre petrolero de la historia” vive un juicio que enfrenta a Ecuador contra la petrolera Texaco. Las autoridades del país sudamericano quieren que la multinacional asuma su responsabilidad en la brutal contaminación que sus lucrativas actividades generaron en la Amazonía. El repaso a la criminal actuación de Texaco da la medida de la catástrofe. Así fue la historia, olvidada, como tantas otras, por los medios de comunicación.

Entre 1972 y 1992, Texaco (desde 1992 Chevron Texaco tras la fusión entre ambas gigantes del negocio del crudo) extrajo 1.500 millones de barriles de petróleo de la Amazonía ecuatoriana. Aprovechando su prevalencia económica en un país pobre, Texaco empleó las técnicas más contaminantes (y baratas) para el tratamiento de ls residuos que generaba, vertiendo 72 mil millones de litros de residuos y derramando 64 millones de litros de petróleo en la región (el Exxon Valdez vertió 50 millones en su catástrofe).
A esto hay que unirle que deforestaron al menos un millón de hectáreas de bosque pluvial y quemaron 71 mil millones de metros cúbicos de gas natural de deshecho. (Datos procedentes del libro “Amazon Crude”, de Judith Kimerling)

El método empleado para deshacerse de los residuos era la creación de “piscinas de deshechos”, método que está prohibido en EEUU desde hace décadas (por ejemplo, en Louisiana lo está desde 1942). Texaco excavó 340 fosos que constaban de 2 a 5 piscinas cada uno, sin aislarlas del terreno ni cubrirlas. Cuando abandonó la explotación en 1992, no rehabilitó las tierras.

Consecuencias para la salud de los habitantes de la zona:

Dos informes realizados por la London School of Hygiene and Tropical Medicine (“Informe Yana Curi”), y por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, encontraron que los carcinógenos vertidos podrían tener consecuencias devastadores para la población. Según los informes, los vertidos contenían muy altos niveles de compuestos orgánicos volátiles, así como hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y carcinogénicos.
Las pruebas clínicas concluyeron que muchos de los defectos de nacimiento, cánceres, enfermedades respiratorias, patologías cutáneas y abortos espontáneos registrado en la región pueden ser resultantes de los contaminantes tóxicos vertidos por Texaco.

El “Informe Yana Curi”, a su vez, establece que en un estudio realizado en la población de San Carlos, la cual contiene más de 30 pozos petroleros construidos por Texaco, los índices de cáncer detectados superaban los índices normales hasta 30 veces. Sobre las mujeres de comunidades cercanas a los pozos y estaciones de petróleo afirma que “presentaron un riesgo de abortos espontáneos un 150% mayor que las mujeres que viven en comunidades no contaminadas”.

El juicio, una larga lucha

Tras 10 años de proceso en EEUU, las cortes americanas le pasaron la pelota a Ecuador. Desde 2003 el proceso ha seguido en Lago Agrio. Los demandantes representen a más de 30.000 personas y solicitan la descontaminación de las zonas afectadas, que costará 6 mil millones de dólares. Chevron Texaco culpa a Petroecuador de la situación actual y ha puesto todo tipo de trabas al proceso aprovechando la precariedad del sistema judicial ecuatoriano y empleando las tácticas judiciales que la industria tabacalera usó durante décadas para tergiversar los informes científicos.
Según declaraciones de Pablo Fajardo, el abogado demandante, espera que antes de que acabe el mes de marzo de 2008 el perito encargado de determinar el monto enconómico de la descontaminación entregue su dictamen y que haya un fallo judicial firme en el primer trimestre de 2009. Texaco acusa a este perito de parcialidad a favor de los demandantes y está presionando al gobierno de EEUU para que revise la prórroga de diez meses que han concedido a Ecuador para beneficiarse de las “preferencias arancelarias andinas” (ATPDEA).

Y aún hay más: Al menos seis de los miembros del equipo legal que lleva la acusación contra Texaco han sufrido varios actos de intimidación, amenazas de muerte y ataques, así como dos asaltos a las oficinas de Julio Marcelo Prieto Méndez. ¿Tácticas mafiosas por parte de una multinacional? Le puedes quitar los interrogantes a la frase sin miedo a exagerar.

Más información:
- Rebelión.org
- Texacotoxico.com
- La versión de Chevron Texaco
- Amnistía Internacional


Los bancos vencen a la Universidad pública

Los bancos han ganado una batalla más. La ambición desmedida de estas empresas esclavistas por convertirnos en sus siervos ha sumado una víctima más a su larga lista: los universitarios. Y todo con la anuencia de otros de sus esclavos: los gobiernos de la Unión Europea. La herramienta utilizada se llama Plan Bolonia.

Con la excusa de unificar los estudios de todos los países miembros de la UE, nos han endosado un plan que obligará a todos los estudiantes que quieran tener títulos universitarios similares a los emitidos actualmente a solicitar préstamos a los bancos (a no ser que dispongan del dinero por otras vías).

El sistema es el siguiente: Todas las carreras (ahora Grados) pasan a ser de entre 3 y 4 años pero si quieres continuar y lograr el título de Postgrado hasta equiparar tu formación a la que actualmente se obtiene con la carrera sin más, has de pagar los estudios correspondientes de un Master, aunque sean impartidos por tu misma universidad pública.


Los Masters “públicos” costarán entre 1.400 y 6.000 euros. Si tienes el dinero, habrás de gastártelo en esto si quieres que las empresas (quienes sí han participado en la conformación de este plan) te tomen en serio. Si no lo tienes. los bancos (quienes sí han participado en la conformación de este plan) tendrán un plan de préstamos especial para que tú estudiante (quien no ha participado en la conformación de este plan) puedas costearte lo que antes tenía un precio ínfimo (o cero si te concedían una beca, eliminadas ahora en el nuevo plan para los Master).

El modo de devolver el préstamo es original: Te lo empezarán a cobrar cuando accedas al mercado laboral, descontándote una parte de tu sueldo.

Eso sí, para acceder a ese “extraordinario” mercado laboral para los recién licenciados habrás de esperar un año, ya que será obligatorio para la obtención del título de Grado realizar 1 año de prácticas en empresas o instituciones. Y estar todo ese año trabajando gratis.

Además, para poder acceder a los estudios de Postgrado, habrá que superar el examen del Grado (en esencia, una selectividad postuniversitaria) y posteriormente la Universidad donde se imparten los estudios de Postgrado puede escoger a sus alumnos según propios criterios de elección. Al existir un ranking de Universidades (aprobado por la LOU), habrá una distribución de la financiación pública, y existirán Universidades de 1º y de 2º categoría. De esta manera se corre el peligro de que las Universidades de 1º categoría elijan a sus alumnos según criterios arbitrarios que no favorezcan la igualdad de la Universidad pública y que los títulos de dos Universidades distintas no tengan el mismo valor. ¿Adivinas qué diferenciará a unas Universidades de otras? Apostamos a que será el precio.

Y todo esto en la Universidad que seguirá llamándose publica pero que cada vez se difumina más con la privada, ese gran negocio.

Más información:
- Plan Bolonia (web de los rectores universitarios)
- Nodo50
- Rebelion.org



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