Negro futuro alimentario
La escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo comienza a alcanzar cotas dramáticas. Sin querer pecar de alarmista, es inevitable mirar con preocupación lo que está sucediendo. Si en los países considerados desarrollados asistimos impotentes a la inflación alimentaria pero al menos podemos seguir adquiriendo los productos, la situación comienza a ser dramática en los países del Tercer Mundo. En Haití, por ejemplo, las revueltas callejeras en protesta por los precios tuvieron que ser sofocadas por la policía empleando la fuerza cuando comenzaban a rodear el palacio presidencial. El resultado: cinco muertos y decenas de heridos, todos ellos personas inocentes a quienes la desesperación empujó a las calles.
La ONU ya hizo hace semanas un llamamiento a la solidaridad de los países ricos para que aumentaran su aportación económica a su programa de alimentos para el Tercer Mundo o millones de personas se verían abandonadas al hambre.
Y ahora es el turno del oscuro y pérfido Banco Mundial de encender las alarmas. Ayer, su presidente Robert Zoellick avanzó que los precios de los alimentos seguirán altos al menos durante dos años. El organismo achaca el problema a “los cambios en la dieta o las recientes sequías en distintas partes del mundo”. Fascinantes argumentos por lo imaginativo si no fuera por la gravedad de la situación.
Es posible que los países en los que el arroz y el trigo se han vuelto inaccesibles hayan sufrido un cambio en la dieta: ahora ya no tienen dieta. Brusco pero efectivo.
Al menos, Zoellick recordó mencionar a los mal llamados biocombustibles como uno de los factores que han influido en los precios de los alimentos. Los cultivos que antes eran dedicados para alimentos ahora sólo sirven para dar de comer a automóviles y centrales térmicas. Es más rentable cultivar gasolina que alimentos. ¿Qué harías si fueras agricultor?
Y aquí llega el dato. El Banco Mundial reconoce que los precios de los alimentos básicos se han encarecido un 80 por ciento desde 2005. Y todos sabemos que los datos estadísticos oficiales suelen ser un tanto conservadores en lo que a malas cifras se refiere. ¡Un 80% de incremento en tres años!
Recopilemos entonces la situación actual: Crisis alimentaria + crisis financiera + crisis energética + crisis climática. ¿Me dejo alguna? Resulta difícil pensar que nuestros superpreparados líderes mundiales lo están haciendo tan mal todo a la vez. ¿Responde la situación a un plan para provocar un radical cambio del orden mundial, como algunos defienden? ¿O simplemente son los últimos coletazos de un sistema desarrollista que en su propia esencia es insostenible a largo plazo y ya han sonado las trompetas de su ocaso? Una tercera opción: En realidad no pasa nada más que la utilización de la globalización económica por parte de los poderosos para serlo aún más. O quizá todo a la vez.
Nos han metido el miedo en el cuerpo, eso seguro.